Nunca abuses de la hospitalidad
de los ojos que logran tener
una epifanía cuando
miran al Sol o las nubes.
No desconfíes de quien te ofrece
una mandarina
en vez de
café con leche
a la hora de desayunar.
No llores si roza sus dedos
en las cuerdas de una guitarra.
y además canta tan bien
tan pajarito a la mañana.
Humedecé tus labios y agradecé
que una noche cualquiera
también se hizo domingo por la mañana
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