martes, 27 de junio de 2017

Nonono, mirá si se entera mi vieja que dejé la carrera me dice y yo le grité porque iba ibamos por el caminito ese que tiene calle 13 en el medio, era de noche y no andaba nadie así que podía gritarle, y bueno loco qué tiene que se entere tu mamá, se va a largar a llorar una o dos noches y ya; qué tanto, que te supere. Silencio. No pareció importarle. Ni lo que le dije, ni pensar en dejar la carrera. ni lo de la vieja. 
Yo solo quiero escribir ficción, me dijo cual veredicto. Escribir y hacer radio, sentenció. Podría hacer un programa de radio de ficción, con personajes y todo y decir pelotudeces, pero con humor, sí un programa de radio de humor surrealista. ¿pero alguien entenderá? bueno, capaz que un poco no, pero yo lo quiero hacer igual. Y tendría una sección llamada Un nombre para una banda indie donde se elige un nombre para una banda indie. Esa idea me gustó, pensé. Y lo ayudé a darle forma. Podrías tirar la consigna durante la semana en feisbuk, le dije, y elegis el nombre que más te gusta y el día del programa haces un tema de esa banda indie en vivo. Silencio. Y yo podría elegir el nombre del disco de la banda indie, pensó en voz alta. Sí, me gusta, me dijo. Otro silencio, pero esta vez era uno de aprobación. 
Y en el programa también voy a intentar llorar, me dijo. Pero nadie se va a dar cuenta que estás concentrandote para llorar de mentira. Y qué me importa, gritó; yo quiero que la ficción sea de verdad. 

miércoles, 21 de junio de 2017

Vamos a suponer que está amaneciendo en la playa. Tocaba la banda de tu adolescencia cerca del mar, y nos habíamos escapado antes de que terminara el show porque había mucha gente y nosotros estábamos muy drogados y la euforia esa que conocés bien quería salir del cuerpo, corriendo. Nos metimos a una pileta de ese balneario que ahora no me acuerdo el nombre y nos echaron porque era un lugar privado. Le dijiste que nosotros no estábamos privados de nuestra libertad. Re pelotudo, qué tenía que ver. Nos fuimos, bajamos a la orilla, me tiraste a la arena y me dijiste que me case con vos. Menos mal que no te hice caso. Terminaste privado de tu libertad un tiempo después, y me pediste que te lleve la mayor cantidad de cigarrillos que pudiese.
Como sea, antes, mucho antes de que terminaras en la cárcel, de que termináramos en la arena, me asombraba la rapidez con la que te escabullías de las discuciones importantes. Me acuerdo un domingo a la tarde, llovía y eran esos domingos de invierno en Mar del Plata viste, esos que te obligan a encerrarte en una habitación a oscuras como si fueses un psiquiátrico permitiéndote hablar solo con el de al lado, si es que existe el de al lado; en fin, era domingo y estabas tocando la guitarra mientras yo pintaba un cuadro de mierda, creo que después lo terminé tirando porque de verdad era una cagada. Nunca hice nada bien un domingo, salvo garchar y dormir. 
Dejé de pintar, y con el pincel cubierto de rojo sangre te pregunté si ya le habías contado que estábamos juntos. Te estaba mirando a la cara. Dejaste de tocar y sin levantar la vista soltaste un no más seco que la concha de mi tía abuela viuda y seguiste tocando. Estabas intentando sacar los acordes de una canción instrumental de esa banda que fuimos a ver en la playa. Quise seguir pintando pero no pude, tampoco pude recriminarte por qué no. Quise hablar pero la garganta se cayó o se calló. Ni las lágrimas se me caían la puta madre. Qué poder de manipulación tenías. Tanto que te levantaste del sillón, dejaste ahí la guitarra, te fuiste a tirar a la cama, me llamaste y terminamos cogiendo. Ya no me importaba que no te importara lo que te había pedido hace tres meses. Después dejé de importarte yo. 

domingo, 11 de junio de 2017

la cama
nuestro refugio
la piel 
nuestro refugio

nosotros
un refugio 
escondiéndonos del mundo
abajo de una frazada

la mañana
abriéndose
y yo
hablando en secreto
con uno de tus brazos
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la noche escabulliendose 
en mi techo 
destrozandome el sueño
dejándome 
con los ojos 
cada vez más abiertos 


yo 
que hoy te extraño