Ahora que tu cara juega a perderse entre las demás, que soy yo la que impone ese juego de apariencias y desengaños, de ceguera y tesituras erradas, no reconozco ni un centimetro tu voz y no pretendo intentarlo porque prefiero inventar un silencio atroz que no te nombre y no explique tu presencia deshonesta. Hoy prefiero elegir no elegir ver, ni dar, ni sentir. Puedo vomitar, gritar y llorar todo lo que alguna vez no dije y entregartelo en una caja de cigarrillos truchos traídos de la triple frontera.
piel con piel
con otros
masticando el ego
triturándolo
tragándomelo
mirando el techo
uno que no es el tuyo
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